UCRANIA (II)

Aleteia (5-marzo?)

Ucrania, con 45 millones de habitantes y una superficie algo más grande que Francia, se ha visto nuevamente sumida en una invasión rusa, de la Rusia de Putin, de no confundir con los ciudadanos rusos, que muchos piden la paz en muchas ciudades, pero son reprimidos por la fuerza de la policía de Putin.

La guerra es triste, la guerra es horrorosa, porque siega vidas humanas, separa a las familias y provoca migraciones forzosas. Hoy son cerca de 850.000 los ucranianos que han huido a los países limítrofes, especialmente Polonia.

Entre los emigrantes hay muchísimas familias rotas en las que el padre o marido se ha quedado en Ucrania para defender su país contra los invasores rusos. Han muerto más de 350 civiles a causa de la guerra, entre ellos unos 18 niños. Esos no volverán. Han dado su vida por su país, contra la barbarie y la sinrazón de los invasores de Putin. Los ucranianos quieren ser libres.

El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, es hoy el héroe de su país. Nadie se lo tomaba en serio, cuando fue elegido presidente, al ser un actor cómico, pero hoy es el líder indiscutible de Ucrania, que recibió los aplausos de todo el parlamento europeo en su intervención ayer desde un lugar secreto en su país.

Pidió ser como los europeos, gozar de su libertad. “!!No nos dejen solos!!”, fue su grito ante los diputados europeos, muchos vestidos con camisetas con los colores de Ucrania. Lo mismo pasó en el Congreso de los Estados Unidos, ante el discurso del presidente: los colores azul y amarillo destacaban entre los congresistas.

Por las calles de muchas ciudades en muchas iglesias de Ucrania, y del mundo, siguiendo el llamamiento del papa Francisco, se ven personas rezando el rosario y otras oraciones, pidiendo la Paz y la Hermandad entre todos los hombres.

Muchos ucranianos dispersos por el mundo, ya sea por su trabajo profesional, o por el deporte, lo han dejado todo, incluso sus familias, para ir a su país a luchar por la libertad.

Ucrania conoce muy bien cómo dictadores rusos como José Stalin, crearon un holocausto donde murieron millones de ucranianos de hambre: fue una gran hambruna que se llamó el Holodomor literalmente “morir de hambre”. Y morían de hambre porque no querían colectivizar sus tierras, y porque Rusia vendía los cereales (miles y miles de toneladas) producidos en Ucrania, para obtener divisas.

Resistencia de los ucranianos

Hoy la resistencia de los ucranianos ha impedido avances más rápidos de las columnas kilométricas de tanques y tropas rusas, gracias a su heroísmo a su sacrificio, a su firmeza en la defensa de su país y en pedir el fin de la guerra.

Vladimir Putin no se detiene, y no se detendrá. Quiere una paz que sea un «diktat» (cosa dictada) para Ucrania, su sumisión sin reservas. Por eso no progresan las conversaciones de paz entre ambos países, tras dos reuniones. Pero el tiempo pasa contra Putin.

El mundo se ha volcado a favor de Ucrania y ha dejado casi sola a Rusia, en lo económico, en lo deportivo, en el contexto internacional. Los países de la OTAN, tratado militar que une a los países industrializados Europa y de Norteamérica, ayuda a Ucrania enviando armas, pero no puede intervenir porque este país todavía no es miembro de la OTAN, ni de la Unión Europea, aunque lo haya solicitado recientemente. La ayuda militar es importante, pero no hay ni comparación entre el ejército ucraniano y el ruso, al que se ha sumado Bielorrusia.

Ciertamente Putin pensaba que la ocupación de Ucrania era un paseo militar. No ha sido así. El mundo se ha vuelto contra Rusia.

La ONU toma partido

La Asamblea General Extraordinaria de las Naciones Unidas de ayer visualizó el aislamiento de Rusia: 141 países, de los 193 miembros de la ONU, votaron a favor de la resolución de condena de la invasión de Ucrania, solo cinco países apoyaron a Rusia: Bielorrusia, Corea del Norte, Eritrea, Rusia y Siria; 35 abstenciones (y los otros 12 países, entre ellos Venezuela, no asistieron a la sesión).

El mundo condena a Rusia, porque no ha respetado ni los pactos ni el derecho internacional. Incluso la siempre no beligerante Suiza ha bloqueado los fondos rusos por vez primera en la historia. ¿Adónde va Putin? ¿A crear un paneslavismo que sólo existe en su mente? También se han girado contra Rusia, Finlandia y Suecia, militarmente neutrales desde siempre.

Putin ha reforzado y unido a una Europa que estaba desunida, y a una OTAN que el presidente Trump quería romper. No se lo esperaba. Sus cálculos estaban equivocados, y el mundo sufre las consecuencias.

¿Habrá una tercera guerra Mundial?

De momento el conflicto está circunscrito en Ucrania y la OTAN (Estados Unidos y Europa) ya han dicho que no intervendrán en territorio ucraniano. Ahora, por tanto, no se puede hablar de Guerra Mundial.

La persecución contra la economía rusa, la anulación de los derechos de giro en los bancos y el bloqueo de los activos financieros de los oligarcas rusos y del propio Putin en el mundo, daña sin duda a la economía rusa. La fuga de empresas occidentales, entre ellas petroleras, de acero, hacen que los precios en Rusia se disparen, y el rublo, su moneda, caiga a niveles nunca vistos. Rusia ha puesto un tipo de interés del 20 por 100 para sostener la moneda, pero no ha conseguido evitar las colas ante los bancos para retirar fondos y evitar encontrarse con un “corralito”.

Lo que parecía un paseo militar, como lo fue Crimea, se está convirtiendo en un calvario para Putin y los suyos. Gestionar tanto aislamiento internacional, incluso monetario y económico, es difícil. China mira de reojo lo que ocurre en Ucrania, y piensa en lo que puede pasar si invade la isla de Formosa, como ha anunciado.

Con todo, también los países occidentales pagarán un alto precio por las decisiones tomadas. Afectarán a sus economías, con los precios energéticos –gas y petróleo—muy altos, y con una inflación más alta, lo que aplaza la reconstrucción económica que se esperaba tras la pandemia del coronavirus.

Y es que en una guerra no gana nadie, todos pierden, y quien más pierde es la humanidad entera al ver cómo las personas humanas son destrozadas, las familias rotas, los niños huérfanos, las madres viudas, el abandono de los hogares para ir a un lugar desconocido, a otro país. El drama humano de una guerra no es comparable con ningún otro.

¿A dónde vas Vladimir Putin?