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JESUITAS EN ÚBEDA:
1589: El Provincial acepta la dotación que le ofrece el Obispo de Jaén, D. Francisco de Sarmiento para establecer una casa de jesuitas amplia y que tendría como finalidad la enseñanza. Este Colegio persistirá hasta la expulsión de los jesuitas de España por parte de Carlos III, el 2 de abril de 1767, dando unos frutos abundantes en cuanto a cultura y vida espiritual.
Carlos III firma, 27 de febrero de 1767, la Pragmática sanción de su Magestad en fuerza de ley para el estrañamiento de estos Reynos a los Regulares de la Compañía, ocupación de sus Temporalidades, y prohibición de su restablecimiento en tiempo alguno, con cuya aplicación se puso fin a la presencia de la Compañía en España y Úbeda. Se ordena que la expulsión se lleve a efecto en toda España el día 2 de abril.
Cuenta el padre Molina García (1999, 53, 24) que en Úbeda el colegio fue rodeado y concentrados los ocho jesuitas en el comedor, sellándose la biblioteca y las habitaciones, para a la mañana siguiente, con casi lo puesto, partir al destierro.
Ciento setenta y tres años después de la expulsión, la Compañía vuelve a Úbeda (1940) de la mano del padre Rafael Villoslada Peula, pero ahora sí con una tan clara como evidente misión educativa centrada en el acercamiento y atención de las clases más desfavorecidas de la Andalucía rural y suburbana y, por añadidura, a los huérfanos de la guerra de otros lugares de España.
Los primeros pasos imprevistos: la Corredera, López Almagro, los Medinillas y Plaza de Alonso Martínez.
1944 Surge la posibilidad de comprar los terrenos actuales (León, Zurrupa y haza del Alférez) para donarlos a la SAFA. Se libran 100.000 pesetas para un primer pago y la condición de que en caso de disolución el complejo pasaría a ser propiedad municipal. Se hacía al tener en cuenta «los altos fines sociales y docentes que cumple la Institución Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia» . Cantidad que se amplía en el pleno de 25 de octubre del mismo año en 235.000 pesetas (también se compra el huerto de las Hermanitas) y la condición de admitir a cincuenta alumnos pobres de Úbeda.
En lo que se refiere al conjunto arquitectónico, la grandiosidad en las proporciones y en los materiales, la influencia del legado de Vandelvira, como gran artífice de la Úbeda renacentista que sirve de modelo. Baste hacer referencia al clasicismo de las formas arquitectónicas, al esquema general de la portada del edificio central (el típicamente renacentista de arco de triunfo) y de la fachada, al empleo de óculos, a la proliferación de arcadas y al remate decorativo de dos linternillas, en todo semejantes, por ejemplo, a las del palacio de las Cadenas, como el resto de los elementos citados lo pueden ser a otros tantos de la Sacra Capilla del Salvador, del palacio de Vela de los Cobos y de diferentes edificios en estos, inspirados.
Y esto es así no sólo por evidente como, sobre todo, por las clarificadoras palabras de los dos máximos responsables del conjunto que nos ocupa: el arquitecto Ramón Pajares Pardo y el escultor Francisco Palma Burgos, vertidas en la revista Vbeda del mes de febrero de 1957 con motivo de la terminación de las obras del templo de Cristo Rey (habían comenzado en diciembre de 1951), en las que, además, se explicitan las intenciones del fundador, padre Villoslada.
Así, Pajares Pardo, alma mater de todo el proyecto, pero siempre atento a los deseos del padre Villoslada, apunta: *…en el tratamiento de las fachadas, revestidas en proporción considerable con piedra natural, como en la ornamentación interior, el arquitecto se ha inspirado, sin copias serviles, en el estilo renacentista que domina en Úbeda, procurando calar en el ritmo de la composición de la arquitectura vandelviriana, sin dejar de acusar […] ciertos caracteres derivados de la técnica actual+
Por su parte, Palma Burgos apunta:
…un cierto padre, de mediana estatura, ojos azules e inquietos, había colocado en mis pecadoras manos, pero ansiosas de creación, la grave responsabilidad de una obra: concebir y labrar en piedra un grupo escultórico que, como una aurora constante, cantara a la posteridad la magnífica voluntad de los hombres en su amor a Dios. Y es que este hombre mediano de cuerpo pero titán y gigante de alma y espíritu, me había hablado con la exaltación de su fantasía granadina de esta ilusión suya: «Espero que Dios te ilumine para que hagas del barro una apoteosis final, que vista eternamente de fiesta las obras de la Sagrada Familia».
Y es que ciertamente es en la fachada de la iglesia, que destaca ─presidiendo─ el resto del conjunto, donde se manifiestan inequívocamente los más íntimos deseos del fundador, que no dudó ─como apunta el propio Pajares Pardo─ en calificar de pobre el primer proyecto, en el que se incluía una hornacina con la imagen del Corazón de Jesús, al mismo tiempo que expresaba su deseo de «…buscar el máximo esplendor con un relieve escultórico que mostrara el reinado y la protección del Señor por medio de su Sacratísimo Corazón a las Escuelas Profesionales y a todo lo que ellas representan». Para ello, Palma Burgos no dudó en tomar como modelo la representación de Cristo que preside la fachada de la Sacra Capilla del Salvador, pero, en este caso, como protector de una juventud desvalida que entre las figuras de la Caridad y la Esperanza ahora trabaja y estudia bajo el amparo de las imágenes de la Virgen y san José (talladas por Cayetano Aníbal) que coronan el conjunto.
El espíritu de esta institución se refleja fielmente en estas palabras:
…”aquí no tendrás muros ni vigilancia. Serás libre. Si un día quieres irte, nadie tratará de retenerte […] por la fuerza. Mientras no encuentres otra, quisiera que consideraras esta casa como tu propio hogar. Estaremos aquí, no para castigarte ni humillarte, sino para acudir en tu ayuda en la medida en que podamos […] No todo será fácil para ti. Los niños que tengo aquí no han conocido más problema que el de una miseria tan vieja como Andalucía. Son muchachos un poco rudos, pero no malos; los has de encontrar «muy jóvenes». Verás, lo que envejece a un ser son las despedidas; cuantas más despedidas ha vivido uno, más viejo se hace. Envejecer es abandonar a alguien o algo […] Tú te sentirás viejo… Puede que ellos no te comprendan del todo; te verán como «original» […] Entonces, cuando te sientas mal, ven a este despacho. Ven aquí igual que irías a la iglesia si fueras creyente, para aliviar tu corazón. Siempre tendremos algo de qué hablar… (Castillo, 1999, 215-217).
Almagro, A.: Educación y misión de la compañía de Jesús en Úbeda.

