FIESTA: TODOS LOS SANTOS

1ª LECTURA: Apocalipsis: 7, 2-14
YO, Juan, vi a otro ángel que subía
del oriente llevando el sello del Dios vivo.
Gritó con voz potente a los cuatro ángeles
encargados de dañar a la tierra y al mar,
diciéndoles: «No dañéis
a la tierra ni al mar ni a los árboles
hasta que sellemos en la frente
a los siervos de nuestro Dios».
Oí también el número de los sellados,
ciento cuarenta y cuatro mil,
de todas las tribus de Israel.
Después de esto vi
una muchedumbre inmensa,
que nadie podría contar,
de todas las naciones, razas,
pueblos y lenguas, de pie
delante del trono y delante del Cordero,
vestidos con vestiduras blancas
y con palmas en sus manos.
Y gritan con voz potente:
«¡La victoria es de nuestro Dios,
que está sentado en el trono,
y del Cordero!».
Y todos los ángeles que estaban de pie
alrededor del trono y de los ancianos
y de los cuatro vivientes
cayeron rostro a tierra ante el trono,
y adoraron a Dios, diciendo:
«Amén. La alabanza y la gloria
y la sabiduría y la acción de gracias
y el honor y el poder y la fuerza
son de nuestro Dios,
por los siglos de los siglos. Amén».
Y uno de los ancianos me dijo:
«Estos que están vestidos
con vestiduras blancas,
¿quiénes son y de dónde han venido?».
Yo le respondí:
«Señor mío, tú lo sabrás».
Él me respondió:
«Estos son los que vienen
de la gran tribulación:
han lavado y blanqueado sus vestiduras
en la sangre del Cordero».
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL: Salmo 23
R/ Esta es la generación
que busca tu rostro, Señor.

V
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. R
V
¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos. R
V
Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Esta es la generación que busca al Señor,
que busca tu rostro, Dios de Jacob. R

2ª LECTURA: 1ª Juan 3,1-3
QUERIDOS hermanos:
Mirad qué amor nos ha tenido el Padre
para llamarnos hijos de Dios,
pues ¡lo somos!
El mundo no nos conoce
porque no lo conoció a él.
Queridos, ahora somos hijos de Dios
y aún no se ha manifestado
lo que seremos.
Sabemos que, cuando él se manifieste,
seremos semejantes a él,
porque lo veremos tal cual es.
Todo el que tiene esta esperanza en él
se purifica a sí mismo, como él es puro.
Palabra de Dios.

SANTO EVANGELIO: SAN MATEO 5, 1-12a
EN aquel tiempo, al ver Jesús el gentío,
subió al monte, se sentó
y se acercaron sus discípulos;
y, abriendo su boca,
Ies enseñaba diciendo:
«Bienaventurados los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos,
porque ellos heredarán la tierra.
Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen
hambre y sed de la justicia,
porque ellos quedarán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que
trabajan por la paz, porque
ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos
por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados vosotros
cuando os insulten y os persigan
y os calumnien de cualquier modo
por mi causa.
Alegraos y regocijáos
porque vuestra recompensa
será grande en el cielo».
Palabra del Señor.

COMENTARIO:
La  «Historia de Cristo» de Papini:
la aproximación de un intelectual que descubre
honduras imprevistas en los Evangelios.

Uno de los grandes descubrimientos de Papini
en este libro son las bienaventuranzas.
No las ve como una expresión de debilidad o de conformismo.
Por el contrario, le fascinan como un modo de vivir
que le hace elevarse por encima de sí mismo.
Son la esperanza de una vida más verdadera,
en la que no basta con la inteligencia.

Entre otras cosas, descubre

que para ser pobre de espíritu
no es suficiente con ser pobre.
Hay que tomar conciencia de la propia imperfección.

También comprenderá que los mansos no son los débiles,
sino aquellos que se obstinan en alcanzar los bienes espirituales.

Escribe que los que lloran no son tristes,
sino que son bienaventurados al derramar lágrimas
por el mal que han hecho
y el bien que hubieran podido hacer.

Subraya que los que realmente tienen
hambre y sed de justicia son aquellos
que confían en la voluntad de Dios.

Y que los misericordiosos
no son los que tienen piedad de los otros,
sino los que también tienen piedad de ellos mismos.

No solo las bienaventuranzas sino el Evangelio entero
es un mensaje dirigido a los últimos.
Así lo ve Papini, convencido de que
los últimos están destinados por Dios a ser los primeros.

Pese a su pasado de intelectual arrogante,
él se sigue considerando uno de esos últimos,
y por eso la Buena Nueva tiene mucho que decirle.

Tiempo atrás buscaba al superhombre,
y su Historia de Cristo es la confirmación
de que ha encontrado al Hombre,
no el hombre nuevo de las filosofías de su tiempo.

Las descripciones de la Pasión saben combinar
lirismo y un realismo que no ahorra los más crueles detalles.

La conclusión de Papini en el epílogo es:
El Crucificado
ha sido atormentado
por amor nuestro.
Pero ahora Él
nos atormenta con la fuerza
de su implacable amor.